Cuando
supe la gran noticia y después de un par de horas sin saber qué hacer en el
momento, decidí darle inmediatamente la noticia a mi esposo.
Lo
que hice para dar esta noticia fue poner en un pizarrón negro en forma de globo
lo siguiente “Tu mejor regalo soy yo” (lo siento! Por el tiempo y la emoción no
pude pensar en una manera más creativa de decirle, aunque ahora se me vienen a
la mente mil ideas que pude haber hecho jaja), ¿les mencioné que el día
anterior a la sorpresa fue el cumpleaños de mi esposo? Bueno pues la idea fue
llegar a su trabajo y colocar el pizarrón a la altura de mi panza para que se
entendiera la nota. Pues minutos antes de que él saliera del trabajo llegue yo,
temblorosa y emocionada a dar la gran noticia, al llegar y pararme frente a su
puerta le hablé, salió y vio el mensaje, aunque al principio no lo entendió, (porque
pensó que su mejor regalo era yo) después lo captó y pues ya se imaginarán su
cara de sorpresa y alegría, cargándome, girando y casi sin poderlo creer pero
con su rostro de una alegría inmensa. El hecho de entrar a esta nueva etapa de
nuestras vidas nos llenó tanto de ilusión, las emociones a flor de piel y
nuestras mentes trabajando al máximo para los planes a futuro, con tan sólo
pensar en la criatura que se formaba dentro de mí. ¿Les ha pasado?
Saliendo
de su trabajo en lo primero que pensábamos era en darles la noticia a la
familia y amigos, aunque días después, cuando fuimos a nuestra primera consulta
con la ginecóloga, nos dijo fue que por la cantidad de semanas (sólo 5) de
gestación, no era recomendable dar la noticia aún.
Así
pasaron los días, hasta que dos semanas después, comencé a notar un pequeño
sangrado y de urgencia fui a ver a mi ginecóloga, pues como lo sospechabas,
tenía un hematoma y por lo tanto, amenaza de aborto. Aunque el embrión se
encontraba bien, no dejaba de ser un riesgo, así que me mandó reposo absoluto y
progesterona.
Cuando
recibí esa noticia mi corazón se hizo chiquito, tenía tanto miedo de que pudiera
suceder algo más. Las palabras de mi esposo fueron las que me sacaron del shock
y me hicieron comprender que debía esforzarme al máximo para cuidar a mi
pequeño bebé y que la situación no se complicara más. Las siguientes dos
semanas serían muy difíciles para mí, dos semanas en las que aprendes a ser
paciente y confiar en Dios pase lo que pase.
Los
síntomas típicos del embarazo comenzaron a hacerse notar, fueron más mareos,
náuseas y vomito los que cada día me recordaban que sería madre y debía
aguantar y ser fuerte ante toda situación. Aunque la Progesterona no me ayudaba
mucho, al contrario, los síntomas se intensificaban más y no paraba de volver
el estómago diario. Mi ruta era ir de la cama al baño y de regreso, esto por un
mes que duró el tratamiento.
Nadie
dijo que sería tan fácil convertirse en madre, y lo que falta… :S
